Colegio Campestre Monte Cervino

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El Desarrollo hacia la Sexualidad - Primera Parte

22 de diciembre de 2008
El Desarrollo hacia la Sexualidad - Primera Parte

LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

Para comprender la importancia de lo sexual, o bien, el interés en lo sexual en el marco del curso evolutivo infantil, partiremos de la pregunta: ¿en qué relación hacia el mundo se encuentra el ser humano joven, en las diferentes etapas de la vida?¿Y qué situaciones evolutivas son aquellas, en las cuales lo sexual, o bien, las preguntas derivadas, juegan un rol? Al respecto, constatamos en primer lugar: el niño pequeño está relacionado de manera totalmente intuitiva, relacionado desde el sentimiento con su medio circundante, los hechos y las circunstancias, las condiciones habitacionales, etc, conformando casi, una integridad con todo esto que lo rodea. Es así, que se encuentra inserto en una convivencia elemental y confiada dentro de los procesos del mundo.

Visto desde lo anímico, vale decir, si tomamos en cuenta la orientación del niño hacia el mundo en su primer septenio de vida, es masculino y femenino a la vez. Puesto, que dispone de las dos maneras fundamentales de aproximarse al mundo. Puede acercarse a las cosas con decisión y sin prejuicios, tomar posesión de las mismas, tocarlas, sin mayores ceremonias; eso, lo podemos llamar, el gesto varonil. Dispone asimismo, del gesto pleno de asombro, que se abre, de recepción profunda; eso, lo podemos llamar gesto femenino.

El niño, mediante su sentimiento aún completamente ligado al mundo, posee por lo tanto, ambos gestos, el masculino y el femenino, al mismo tiempo. Con ello, le es dado al niño, una superioridad propia y una tranquilidad frente al mundo, que nosotros, los adultos, tal vez podamos alcanzar nuevamente en la vejez. Al estar frente al mundo tanto de manera masculina como femenina, el niño anímicamente es “libre de sexo”.

Es “libre de sexo” también por la razón, de que los órganos interiores de la procreación entran en función recién a partir de la pubertad. En definitiva es “libre de sexo”, en el sentido de que no existe en el niño una necesidad, un deseo sexual, orientado hacia otra persona.

Lo que en el niño aparece como actividad sexual, pertenece al marco del interés ingenuo, pleno de amor y asombro frente al mundo. Y una parte de ese mundo, viene a ser el cuerpo propio, conjuntamente con los sentimientos y percepciones que con él podemos tener, y que, por supuesto tiene que ser investigado, tal como otras partes del mundo también. Miremos en primer lugar, simplemente las expresiones de ese interés con entrega por esa parte del mundo, que tiene que ver con la sexualidad.

Del mismo modo, como el niño investiga con detención el dedo pequeño de su pie, o su ombligo, tocándolos con sus manos, por supuesto investigará también su vagina o su pene.

La ocupación con el propio miembro sexual, debe ser equiparada con otros juegos e investigaciones en el propio cuerpo y con él mismo. También el mostrar y descubrir es normal a esa edad y tiene sentido. Aquí, los padres pueden participar tranquilamente de los juegos. Muestre entonces alegre sorpresa, cuando su pequeño hijo se levanta la camisa para mostrarle su “pitito”. A menudo, somos nosotros los adultos que privamos a esos juegos su inocencia, al reaccionar con exceso, mediante enojo, o hasta castigos, o a través de una alegría excesiva, llamativa de la atención. Tampoco es adecuado el pasar por alto esos juegos por un sentimiento de pudor. Intentemos alegrarnos con el niño, de que en el mundo existe ese, su cuerpo y que ese cuerpo posee una vagina, o bien, un pene. El niño puede entonces hacer uso de ese derecho de jugar con todo su cuerpo.

Las erecciones en el lactante y en los niños un poco mayores, se deben a reflejos y naturalmente están acompañados por sensaciones de agrado. Dejaremos, que sucedan, pero no les prestaremos mayor atención. Permitamos, que el lactante juegue con su pene erguido, nosotros, los adultos, no deberíamos empero tocarlo en ese contexto.

No deberíamos preocuparnos, cuando con cuatro, o con cinco años aparecen fases de auténtica autosatisfacción. Es inofensiva, permitiremos que suceda sin agrandar las cosas. El abstraído juego con el propio miembro genital, no es más dramático como cuando el niño está hurgándose la nariz con el dedo. Si no lo dramatizamos, al cabo de unas semanas, acabará con el juego.

Característicamente, esas fases de autosatisfacción aparecen en una situación evolutiva, en la cual el niño por vez primera sale un poco de la inmediata conjunción con el mundo, descripta al comienzo, aquí, el mundo de los seres humanos que lo rodean. Con aproximadamente cinco años, el niño desarrolla una conciencia de la diferencia en principio de madre y padre, se genera una primera conciencia de masculino y femenino. Hasta ese entonces, la madre y el padre habían sido dos personas que conformaban una unidad, una especie de envoltura primaria. Ahora, esa unidad experimenta una diferenciación y es vivenciada la polaridad de las dos personas primitivas. Por supuesto, que el niño sabe con anterioridad que existen las mujeres y los hombres. Pero ese conocimiento aún no cobra relevancia en el trato con personas concretas. Podría ser entonces, que un cuatriañero podría preguntar a su abuelita: “Abuela, ¿eres un varón o una nena?”. A los seis años, ya no podría formular esa pregunta.

También los juegos del doctor, que aparecen a esa edad, en un principio son inocentes, dado que, así como el niño investiga al mundo, investiga a su vez el cuerpo de los compañeros de juegos; eso, es así. Cuando observamos estos juegos del doctor, con discreción y detención, se podrá ver: raras veces se refieren sólo al sexo, a sus órganos, sino, por el contrario, el niño intenta descubrir la disposición natural de los órganos sexuales en el conjunto del cuerpo. Aquí, sólo puede tratarse de dejar tranquilo al niño en esa tarea.

Todo eso, nada tiene que ver con sexualidad, dado que esas actividades e investigaciones jamás están acompañadas por un deseo sexual, vale decir de la necesidad apremiante de experimentar un deleite físico o un relajamiento en relación con otro ser humano. Esas actividades “sexuales” del niño, jamás están orientadas hacia alguien, tampoco en la fantasía. Por lo tanto, los juegos del doctor, en principio son inocentes. No se orientan a determinadas personas, tampoco a la persona del compañero del juego, sino al cuerpo humano en sí.

Un niño de desarrollo normal, jamás busca estímulos sexuales. Justamente esto empero, caracteriza al mundo de los adultos. Un niño no es apelable mediante las publicaciones respectivas expuestas en los kioscos. Cuando un niño toca el pecho de la madre o tira del vello de su pubis, no se trata de su carrera como criminal sexual, sino que es la expresión del justificado interés del niño por el mundo.

La sexualidad del adulto está referida siempre a otra persona, por supuesto, que puede ser llevado a cabo tan sólo en la fantasía. Todo ello empero, no liga al niño con el contacto y la investigación de miembros sexuales.

Resumimos entonces: dentro del desarrollo natural, no existe una sexualidad infantil propiamente dicha. Existe la investigación del cuerpo propio, del cuerpo de los padres y de los amigos de los juegos. Por supuesto, que existen experiencias físicas, que más tarde se incorporan a la vida sexual y existe, naturalmente, una gran necesidad del niño con respecto a consagración, amor, ternura y mimos. Todo esto empero no es una necesidad sexual.

El problema al que aquí nos referimos, evidentemente consiste simplemente en un malentendido entre los adultos y el niño. Aquí, el adulto toma por sexual algo que no es sexualmente orientado. Lo refiere a su mundo, en lugar de referirlo al mundo del niño, donde está sucediendo. A más tardar a los siete años, pero casi siempre ya a los cuatro o cinco años, van apareciendo, solos, los sentimientos de pudor. Sobre todo, las niñas, ahora quieren ponerse una bombachita y no aparecer desnudas, sobre todo, frente a desconocidos. No es necesario llevar el sentimiento del pudor a la niña mediante la educación. Llega solo, con toda seguridad. Permitamos, que acontezca con toda calma. Tengamos paciencia. La educación hacia el pudor es innecesaria.

Matías Weis
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