Para el primer septenio, o bien, para la edad del jardín de infantes cobra validez la receta: por supuesto, que las correspondientes preguntas del niño deben ser contestadas, y contestadas con la mayor seriedad. Pero, los padres no deberían referirse al tema sin ser consultados. Para la contestación de las preguntas, es valedera la regla: las preguntas no deben ser contestadas en primer término con orientación naturalista, sino que deben entregarse “imágenes del alma”.
Un ejemplo, es la pregunta acerca de la procedencia. Aquí, es menester prestar mucha atención y poder saber así, qué es lo que el niño está preguntando realmente. La pregunta: “¿De dónde he venido?” o “¿de dónde vienen los niños?” no tiene un carácter sexual – físico, sino es de naturaleza anímica – espiritual, más amplia. Una respuesta, que solamente representaría el proceso corporal, sería decepcionante para el niño. Lo que el niño quiere saber es, ¿Dónde he estado antes? Es una pregunta acerca del origen espiritual del ser humano, acerca del cual intuitivamente es sabedor aún. La respuesta correcta por lo tanto es una imagen del alma, una imagen que contiene alimento anímico, pudiendo así confirmar al niño, lo que intuye. Un ejemplo podría ser: “Allá, lejos en las nubes hay un prado inmenso, donde tú has estado viviendo con muchos otros seres humanos. Un día, el buen Dios te ha llamado y te ha mandado al vientre de la madre, porque allí podías crecer protegido, rodeado de calor, dado que la madre y el padre deseaban tener un hijo. Llegó el día que habías crecido tanto, que en el vientre ya no había lugar y querías salir. Entonces, la madre te dejó salir, te ha abrigado y te ha dado leche tibia y luego te colocó en la cuna”. Una respuesta así – o parecida – no es una mentira, como podría reprocharse, sino, que con una contestación así, tomo muy en serio al niño, por el hecho de que tomo en cuenta a su mundo, su manera de pensar y de vivenciar. Si contestaría de manera naturalista a la pregunta acerca de la procedencia: “El pene del padre se había endurecido, lo metió en la vagina de la madre y le dio un líquido, que se mezcló con un pequeño óvulo en la barriga de la madre, y de allí te has generado tú”, ésta sería una respuesta del mundo de los adultos y de un mundo de adultos de postura materialista.
O, cuando un niño observa, que la madre regularmente guarda algodones con sangre, en el caso de una pregunta, no se dará una contestación materialista, sino una imagen, que podría ser así: “El vientre de mamá se limpia con la tibia sangre, porque la cavidad tiene que ser mantenida siempre limpia y suave, donde tú has crecido”. Tampoco acerca de otros pormenores, tales como la eyaculación, la erección de los pezones, etc. no se le transmitirá informaciones detalladas al niño. El niño no puede manejarse con tales, así llamados “conocimientos”. No pertenecen a su mundo. No puede comprenderlos en su sentido más profundo. Los niños tratarán de elaborar lo escuchado a través del hacer a través del juego y el adulto entonces tendrá la impresión, que el niño está llevando a cabo actos sexuales.
Para que aquí no se produzca un malentendido: no soy de la opinión de que un niño de la edad de jardín de infantes deba estar al tanto acerca de los procesos de la procreación y las posibilidades de la sexualidad. Cuando empero pregunta, porque tiene la vivencia de la llegada de un hermanito, deberíamos contestarle debidamente – y esto significa en el primer septenio – con una respuesta de imágenes. Por otra parte, sí soy de la opinión de que ya el niño de jardín de infantes debe tener claros conceptos con respecto a los órganos sexuales y que debe evolucionar dentro de la vivencia de que se trata de cosas, de las cuales se puede hablar abiertamente con los padres.